De
las Fragmentaciones pictóricas al nomadismo tecnológico.
M.A. Rodolfo Rojas-Rocha
Es innegable que los cimientos de la pintura son cada vez más
aleatorios al desplazar sus funciones tradicionales dentro del marco
espacial donde la deconstrucción reorganiza la práctica
hacia la incertidumbre propia de nuestra sociedad neobarroca.
En
este sentido, esta reflexión abarca tres ámbitos y marcos
teóricos ampliamente discutidos por la bibliografía
especializada: La fragmentación- deconstrucción, lo
pictórico y el nomadismo. Estos tres aspectos dialogan con
los conceptos de tradición versus innovación.
La
fragmentación implica desmembramiento y sumisión a causa
de los designios de la experimentación en el caos del abigarrado
mundo de la era de la imagen global donde la diversidad estética
y cultural se divide en el universo de la publicidad, el diseño,
y los medios masivos como extensiones de los espectáculos observados
por los nuevos espectadores críticos o pasivos en la recepción
estética que subvierte el marco tradicional obra de arte-artista-crítica
de arte-público.
La
tradición artística manual considera la pintura, invento
del Renacimiento, no como una fragmentación o deconstrucción
sino como un objeto o cosa producida artesanalmente . Una ventana
del mundo concebida como expresión de un contenido espiritual,
lo que favorece la circulación mercantil, al asociar lo material
con algo intangible. Además se le adecua un carácter
concreto: Tiene un principio y un fin, un marco estable con una vida
interna como universo autosuficiente. De ahí la noción
de obra inacabada del arte contemporáneo en contraposición
al concepto convencional. Incluso el mismo nombre de esta exposición
trata de aclarar ese contraste entre lo inacabado y acabado siempre
bajo la sombra de la pintura tradicional.
Otro aspecto asociado a la pintura convencional deviene de su estructura
cerrada y presentando una delimitación, una clausura respecto
a lo que se sitúa más allá de ella. Comparación
entre mundo y obra, entre campo y fuera de campo. Un mundo en pequeño,
con sus propios límites y fronteras. Se supone que la acción
del artista la deja completa y unida. Entonces objetividad, inmaterialidad,
concreción, cerramiento y unidad van a ser lo contrario al
desarrollo de las tecnologías y el tipo subversivo de relaciones
entre materialidad y espiritualidad que ésta implica.
Con
el desarrollo de la industria en el siglo pasado y la tecnología
de la fragmentación en serie el proceso productivo invertirá
ese papel idílico de los productos de arte. Sin embargo, la
ideología se resiste al cambio y esa gran transformación
en las determinaciones en la categoría de pintura que la tradición
ha ido fijando, se ve afectada por la invalidez de los valores anteriores.
En
este sentido, la pintura contemporánea expuesta en esta muestra
reafirma la crisis del objeto pictórico tradicional producto
de las controversias y vanguardias del siglo XX. Aquí la pintura
inmersa entre la fotografía, el cine y espectáculo es
vista no como un objeto sino como estructura dinámica que busca
liberarse de la imagen de soportes sensibles específicos. Las
secularización de los temas tratan de entender las obras como
propuestas conceptuales y estéticas de carácter infinito
sometidas a la indeterminación del azar donde lo inacabado
se convierte en un rasgo definitorio de nuestro presente abierto y
dinámico. Entonces las ideas de unidad no se completan en los
límites de las obras sino en su inscripción aleatoria
entre vivencias, factores internos y externos, la reproducibilidad,
la serialidad y la repetibilidad basadas en la hiperdeterminación
estética e híbrida de nuestra vida cotidiana.
Por otro lado, tenemos el concepto de Pintura como obra de arte, la
cual ha significado una paradoja de la representación ilusionista
sobre una superficie bidimensional o la representación de la
pintura por la pintura a través de una exploración de
los significantes sígnicos, del inconsciente colectivo. De
la tradición pictórica como un acto de elección,
selección o descontextualización conviven muchos espacios
donde la institucionalización legitima lo genuino a partir
de leyes fuera del objeto estético que colinda con lo político
y lo sacro, con el espectáculo y el comercio.
Existe
un dilema entre la tradición y la tecnología como son
los nuevos estímulos contemporáneos. La tradición
entiende que todo ello requiere, de algún modo, un sobre esfuerzo
de habilidades técnicas y cognitivas en el límite creador
del artista, sea en el dominio de códigos establecidos o en
la capacidad para superarlos o negarlos. Se ha hecho frecuente el
uso del término que sirve de metáfora a esa extraordinaria
energía y capacidad como originalidad y genialidad convertidos
en rasgos característicos del hacedor de Arte. Por un lado
una autoría a partir de la facilidad en la destreza del uso
de la regla como una competencia especial para ponerla en práctica
con soltura y rapidez, elaborando de un modo casi inmediato obras
de gran complejidad. Por otro lado, esta actitud de habilidad se podría
homologar a las técnicas intelectivas de los artistas contemporáneos
quienes apuntan a la creatividad como valor añadido inscrito
en las políticas culturales y las expectativas del capital
cultural y los mercados simbólicos.
El termino Nómada plantea un rompimiento con los paradigmas,
va hacia lo figurativo a lo abstracto, parte del óleo a las
técnicas tridimensionales, del concepto al pensamiento, de
la narración y contemplación a la ironía molesta,
de la historia al presente, del hoy a la ausencia . De la técnica
depurada academicista al pastiche neoposmoderno. De lo digital a la
tela, del pincel al aerógrafo.
Lo
nómada de la pintura hace que se tienda a ser un poco inmaterial,
a pesar de la exploración de otros ámbitos técnicos,
la materia pictórica se utiliza como aditamento, aplicaciones,
collage, fotografía, grabado, video, objeto intervenido, dibujo,
escultura e instalación.
Pero
este nomadismo tiene su raíz en la disolución de su
lenguaje, por eso la pintura se la ha querido matar desde la instauración
de las nuevas tendencias a finales del siglo XIX. Durante el siglo
XX fue crucificada y atacada hasta no resistir pero el mercado de
los ochentas en los centros de poder la hizo paradigma de los valores
bursátiles. Por que socialmente la pintura todavía es
funcional como espejo social. Necesitamos esas imágenes fijas
bidimensionales para reafirmar nuestro miedo a ser inmortales como
los retratos, naturalezas muertas y paisajes. O nos permiten romper
e irnos más allá demostrando que la hemos traspasado
hacia unas búsquedas expresivas de universalización
para entendidos excluyentes. O nos mantenemos dentro de sus límites
monogámicos y políticamente correctos para algún
día entrar a la gloria de los diversos mercados como las nuevas
academias y tener un grupo de admiradores-receptores que compren y
reflexionen a la vez.
En este sentido, el nomadismo de los formatos de la pintura han resuelto
este ideal de síntesis de toda la herencia cultural de la humanidad,
desde los murales religiosos de la Edad Media y los libros iluministas,
el formato pequeño de los burgueses comerciantes hasta los
cuadros de gran tamaño de las élites feriales. El transporte
ha permitido la inmediatez y la construcción de un ideario
seguro para ser objeto económico. Las primeras vanguardias
nacieron negando esas características de privilegio y cerramiento
mediante la ironía del uso de los espacios y materiales no
tradicionales como el collage, elementos pegados y tipografía
dadaísta, hasta la fragmentación del espacio plástico
del cubismo que negó la representación como un veneno
para matarla y llevarla al nivel de la ambigüedad del abstraccionismo
que tantos enemigos y amigos ha tenido.
La
raíz de todas estas antinomias deriva del mantenimiento y reproducción
de la esfera de la pintura como espacio escindido donde las exigencias
de las destrezas y habilidades en contraposición a las destrezas
creativas del pintor contemporáneo requiere de un dibujo naturalista,
con capacidad de mimesis y conocimiento amplio de la paleta, la teoría
del color con sus claves tonales y demás estudios complementarios
como la óptica, la anatomía y otras ciencias donde el
manejo del oficio del óleo, el acrílico y la acuarela
con sus respectivos soportes, medios, aglutinantes y disolventes se
combinan con nuevas habilidades en el manejo de lo proyectual y la
expresividad vinculadas a las tecnologías del tiempo y el espacio
tridimensional y digital.
Además
de pensar en un nomadismo de las habilidades y tecnologías,
nos corresponde entender la recolección de estilos propios
de nuestro contexto latinoamericano. Aquí el estudioso de la
sociología del arte Néstor García Canclini ha
establecido que para ser artista latinoamericano hay que imaginar
la globalización y construir tres amplios mundos estilísticos
dentro la realidad de la representación pictórica que
sería la mezcla incesante de iconografías traídas
de la cultura popular, el arte de masas, y del Gran Arte legitimado
por los centros de poder. Por nuestra naturaleza híbrida las
estrategias nómadas para entrar y salir de la modernidad hacia
las posmodernidad plantea este transporte dentro del capital cultural
como categoría sociológica. Es decir, junto al capital
económico, fuente indudable del poder político y de
la hegemonía social a través del poder de las oligarquías
tenemos el capital cultural de los estilos nómadas que también
es heredado y alterado por los transportes de contenidos de los agentes
intermediarios de la obra de arte quienes educan y transmiten este
patrimonio.
Por otro lado tenemos otro tipo de nomadismo que se refiere a la muerte
de la pintura , desde lo tradicional a la innovación. En este
sentido, cabe señalar tres puntos de vista desde los cuales
es posible sostenerla. En primer lugar la pintura ha muerto víctima
de la Historia, engullida por la linealidad clasificatoria de la historia
del arte, petrificada en las relaciones causales del ¨Gran Relato¨
quedando embalsamada e inerte en los museos. Otro punto de vista,
que pone acento en el termino arte en su acepción más
antigua, entiende que la pintura ha muerto porque ha fallecido la
destreza, la habilidad técnica y el oficio. El arte como destreza
manual ha caído por que lo verdadero son los valores de la
creatividad y las ideas por encima del objeto o sus técnicas
de elaboración, por encima de la cosa susceptible de convertirse
en mercancía.
El
tercer punto ubica la pintura sujeta a los entornos hipertecnificados
y recolectores de fragmentos del mundo. La producción continua
de simulacros de significados que tiene su sitio en la actual Sociedad
del Espectáculo obliga a la pintura tradicional a ser Obra
de Arte Total basada en las tecnologías propias de los productos
mediáticos consumidos por los grandes mercados, e impidiendo
que las viejas formas se muestren capaces de aportar significados
multisensoriales producto de un contexto de inusitada densidad visual
dentro de la cultura del homo videns que impide una lectura pausada,
el pensamiento detenido, la contemplación lenta de los significados
perdurables. La única forma de expresión posible está
suspendida estéticamente como un simulacro institucional. De
este modo estas propuestas quedan en manos de los media como agentes
homogeneizadores del arte que dicen que es arte o no es arte amparadas
por las plataformas de legitimación como los museos, las galerías
y los medios de comunicación masiva .
Para concluir sin determinar salidas teóricas podemos acercarnos
a la deconstrucción de la pintura en diversas expresiones como
Arte Institucional y mediático, artesanía, divertimento
o pasatiempo de pensionados, la pintura para curar el alma; es decir
más pintura y menos prozac; o hacer arte terapia para eliminar
las tensiones de los tecnócratas de clase media alta. También
tenemos la pintura para casas basadas en múltiples combinaciones
de los maestros del color sintético o la pintura de maquinaria;
el pintor de paredes con rodillo y por último el pintor de
metáforas con el lado derecho del cerebro que vive en el sanatorio.
En fin, los lenguajes del tiempo se hacen presente con la actualidad
y con el conjunto de las problemáticas humanas volcadas hacia
un futuro con cierto nivel de combate hasta el fondo de lo desconocido
y poder encontrar lo nuevo como utopía irrealizable de la subversión.
Lo nuevo deriva de un sistema de producción en el que la innovación
tecnológica marca toda la dinámica de la vida y el contexto
social hacia el progreso material característico del capitalismo.
Algunos
creadores asumen que su actividad creativa y proyectual buscará
representar un mundo mejor o realista cargado de una responsabilidad
moral directa. Otros con un grado de implicación ética
y política trabajan la pintura deconstruida buscando el ideal
de unión de lo estético con implicaciones extraestéticas
como la verdad, el bien y los valores de la sociedad moderna laica.
Todos buscan no la simple contemplación –representación
de la naturaleza-modelo sino la acción sobre la realidad social
garantizándose el cambio de la vida y ver el arte como un proyecto
humanamente formulable. Actitud muy ingenua pretender que solamente
el proyecto artístico puede conducir a la mejora de la condición
humana.
Bibliografía
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Rodolfo Rojas Rocha