METÁFORAS
DE LA CIUDAD
Msc. Marta Rosa Cardoso
Historiadora de Arte
El
infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe
aquí, el infierno que habitamos todos los días, que
formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera
es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte
de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es arriesgada
y exige atención y aprendizajes continuos: buscar y reconocer
quién y qué, en medio del infierno, no es infierno,
y hacer que dure, y dejarle espacio
Italo Calvino . Las ciudades invisibles
El
“descubrimiento” del paisaje urbano que la historia adjudica
al siglo XIX, a la mirada indagatoria de los pintores impresionistas,
abre las puertas a un segmento temático que ha ocupado atención
preferencial dentro del universo visual del siglo XX. La reflexión
sobre las resonancias y consecuencias de la vida moderna ha dirigido
la atención a los diálogos cambiantes que se han producido
entre el hombre y los espacios que habita penetrando en la dinámica
compleja de la ciudad industrial, sitio inequívoco de confrontaciones
entre lo antiguo y lo moderno, el orden y el caos, lo individual y lo
social.
Los
referentes visuales que resultaron de estas preocupaciones nos muestran
percepciones igualmente contrapuestas que dan fe de la diversidad de
criterios interpretativos con los que se ha abordado la ciudad. Los
albores del siglo XX se inician con la sustantivación de contrastes
: si para los iniciadores del futurismo italiano la ciudad naciente
contenía la esencia revolucionaria y esperanzadora que se fundamenta
en el mito del progreso (La ciudad que sube ,1910 , Umberto Boccioni,)
para los expresionistas alemanes, inmersos en un ámbito mucho
más polémico sobre el posible destino de las nuevas metrópolis
, el reto fue poner de relieve el conflicto existencial derivado de
la anulación del individuo ante la potencia avasalladora de la
máquina.“Me propongo plasmar la vida, la energía
vital que se percibe en las multitudes, pero cuando más andaba
entre los hombres, más sentía mi soledad” comenta
a propósito Ernst Ludwig Kirchner cuya obra se caracteriza por
representar ambientes lúgubres y angustiosos que devienen premonitorios
del lado más oscuro de la nueva época. (Plaza de Berlín,
1914)
Cuando
se explora lo acontecido en la segunda mitad del siglo XX, la imagen
visual de la ciudad revela no haber desplazado estos desencuentros.
Pero habría que señalar , que a ciertos énfasis
descriptivos y posturas extremas que se evidenciaron en las primeras
vanguardias , se han añadido procesos reflexivos y simbólicos
de un mayor nivel de complejidad que, en todo caso, ponen en evidencia
las modificaciones de los sistemas de percepción y representación
igualmente complejizados en la dinámica contemporánea.
.
.
Hoy la ciudad, y las diferentes vertientes interpretativas de que ha
ido objeto, es tema hegemónico de diversas disciplinas no artísticas,
dada su indudable implicación como experiencia organizativa,
económica y consecuentemente vivencial del mundo actual. Los
pronósticos auguran que en el año 30 de este segundo milenio
las dos terceras partes de la población mundial habitará
en las urbes, por lo tanto, el hecho consumado y frecuentemente debatido
de las negatividades que se derivaron de las metrópolis modernas
incorpora hoy otras tantas reflexiones reivindicativas de su potencial
como eje del progreso y espacio ideal para nuevas formas de vida, solo
que apelando a reorganizar los planteamientos fundacionales : se insiste
en la necesidad de equilibrar lo industrial y tecnológico con
lo natural y ecológico, al tiempo que en “sanear”
las consecuencias de los procesos de fragmentación que convirtieron
en espacios excluyentes la ciudad y el campo, el centro y las periferias
y que terminaron por convertirse en agentes generadores de conflictos
sociales de máxima intensidad como el incontrolable incremento
demográfico de las metrópolis, los permanentes procesos
migratorios y la sostenida confrontación entre grupos dominantes
y subalternos.
Consecuentemente, en el complejo y versátil panorama de las artes
visuales de las últimas décadas la ciudad ha sido eje
directriz de no pocas experiencias curatoriales y ha funcionando como
estrategia argumental en el discurso de numerosos artistas procedentes
de diversas latitudes dada su eficacia como pretexto para insistir en
posturas críticas , alternativa generadora de acciones interdisciplinarias
y motivación para propuestas de creación experimentales.
Nos
referiremos a la mirada de tres creadores latinoamericanos cuyas obras
ilustran zonas de interés en el amplio repertorio interpretativo
que el tema suscita y, sobre todo, ponen en evidencia la particularidad
de una época en que la diversidad del entorno cultural hace convivir
percepciones de orientación científica , poética
o cuestionadora, distinguibles solo por la génesis de la aproximación.
La ciudad como organismo
La
desestructuración del pensamiento lineal constituye uno de los
retos de nuestro tiempo. La racionalidad, erigida como emblema de la
cultura occidental , hoy se encuentra en franco proceso de crisis El
entendimiento de la existencia humana como parte de un cosmos - que
esencialmente desconocemos - ha conducido a explorar escabrosos caminos
que corresponden al universo de lo intangible y ha generado en el ser
humano incertidumbres que se expresan en el desplazamiento de las certezas
en virtud de las probabilidades.
Comprender
la ciudad como un organismo vivo, abierto, inabarcable, como un universo
en permanente estado de metamorfosis, ha sido motivación en la
serie Zoomitografías de Rodolfo Rojas Rocha (Costa Rica, 1968)
en la que el artista se ha propuesto hacer visible la inoperancia de
la fragmentación y la pertinencia de la cercanía entre
lo individual y lo cósmico sugerida a través de vínculos
entre lo artificial y lo natural .
Compone
imágenes híbridas en las que contrastan, al tiempo que
conviven, formas geométricas ascendentes y motivos orgánicos
que las desbordan y que se inspiran en el estudio minucioso del cuerpo
humano que explora como sistema micro y macroscópico en constante
movimiento.
En
estas piezas el cuerpo es la metáfora de la ciudad. Es entendida
como espacio mágico de interconexiones, de aleatoreidades, de
complicidades y de memorias. Curiosamente el modelo referencial de lo
orgánico es el músculo, masa sólida que recubre
el cuerpo, agente potenciador del sostenimiento y la fuerza. Sin embargo
las figuras, que se presentan como inconclusas, remiten a las estructuras
cambiantes de la Naturaleza y desencadenan sensaciones en las que no
reconocemos qué es qué.
En
la inconclusión de las formas se descubren sucesiones que atestiguan
un permanente proceso evolutivo. Se alternan los orígenes de
la existencia con la superposición de tiempos históricos
y , aunque el creador atestigua su indagación en los diseños
recurrentes de las culturas precolombinas, lo que se visualiza en esta
serie es la certeza de convivir con un proceso infinito de cambios y
readaptaciones en el que el reto mayor es el de la subsistencia. Mas
que la opción recuperativa de las formas antiguas , esta mirada
contiene la esencia del pensamiento ancestral: la dimensión inabarcable
del cosmos que habitamos que se modifica y evoluciona , constantemente,
como consecuencia del diálogo entre contrarios antagónicos
. La abstracción como lenguaje aleja de lo descriptivo a estas
piezas , razón por la cual las imágenes ni asfixian ,
ni agobian , más bien involucran al espectador en una hibridación
potente y esperanzadora - de matices alucinantes - que deviene símbolo
universal de la capacidad adaptativa del núcleo generador de
nuevas épocas : la ciudad.
En
Zoomitografías, hombre – naturaleza, naturaleza y ciudad
son entes biológicos transformándose en un tiempo y espacio
inaprehensibles que contienen en sus entrañas la vorágine
de sucesos que los laceran y los embellecen, que los limitan y los eternizan.
.
La ciudad oculta
El
impacto visual a gran escala protagonizado por las diferentes vertientes
de la publicidad (de productos o ideologías), ha sido uno de
los temas más frecuentados en el pensamiento filosófico
contemporáneo. La artificialidad, el engaño y el simulacro
han sido objeto de críticas devastadoras a las estructuras de
poder que han sumergido en un letargo indefinido al receptor de tales
mensajes. Uno de los retos más imperiosos para el hombre de hoy
es el de traspasar las externalidades en busca de las esencias, mecanismo
eficaz de “despojo” ante la banalidad y el standard.
Arturo
Montoto (Cuba, 1953) desde su particularísima poética
que resemantiza el efectismo y el virtuosismo barrocos, sugiere explorar
la ciudad y rescatar de ella lo que nadie ve. Más allá
del agobio, más allá de la turbulencia de los conflictos
– y sin desestimarlos- sus piezas apelan al espacio exclusivo
y sutil de la emoción visceral, auténtica.. Dirige su
mirada a los rincones oscuros, olvidados y ocultos de la urbe en los
que descubre detalles que comparte y que, en todo caso, conminan a reparar
en el encanto de lo intrascendente. El hallazgo, pleno de luz, deviene
esperanzador, sublime.
La
fruta madura, provocadora, turgente o los objetos cotidianos, gastados
por el uso, se ennoblecen por la mágica virtud de su simplicidad
y establecen una suerte de misteriosa paradoja con los muros y escalones
agrietados, rotos, despintados de la ciudad de La Habana , aquellos
que atestiguan el paso incontrolable del tiempo pero que constituyen,
a la vez , testimonios ineludibles de su extraordinaria grandeza.
Se
sugiere el todo a través de la potencia vital de una parte que
basta para hacer notar tanto lo imprescindible de la permanencia como
la dimensión profunda de las heridas. Hay en estos diálogos
visuales de las piezas de Montoto fuertes contrastes que ilustran el
contrasentido de la existencia: realidad-irrealidad, vida-muerte, rudeza
– sensualidad, paz-turbulencia. La ciudad, más que escenario,
es protagonista de encuentros imprevistos, pero de encuentros íntimos,
reveladores, definitivamente poéticos.
La
ciudad y la violencia
Las
problemáticas generadas por la industrialización a gran
escala se reconocen como punto de partida del extenso y sostenido debate
en torno a los conflictos sociales e individuales que definen el mundo
actual. En este sentido ha sido la implicación nociva de los
procesos de fragmentación, producidos en todos los ámbitos
de la vida, uno de los temas más recurrentes. El connotado aislamiento
y la permanente sensación de temor ante la violencia generada
por los acentuados contrastes económicos, se hacen evidentes
en todas las instancias comunicacionales: desde los eventos públicos
hasta la vida doméstica.
Las
ciudades latinoamericanas, dada su permanente condición de subalternidad
económica, devienen escenario ilustrativo de estas circunstancias
acompañadas, por demás, de los frecuentes desaciertos
y frustraciones que en el orden político han caracterizado su
dinámica histórica.
A
la fragmentación derivada de los presupuestos urbanísticos
(primero coloniales, luego modernos) se suma en las ciudades de Latinoamérica
el recrudecimiento de antagonismos sociales que signan el deterioro
interno y externo de sus estructuras. En muchas de ellas, la huella
de los gobiernos militaristas convive con la desazón de un futuro
incierto y de un presente excluyente y avasallador.
San
Salvador en Centroamérica es un ejemplo elocuente de estas lamentables
circunstancias “No soporto esta ciudad(..) tiene todos las miserias
y cochinadas de las grandes ciudades y ni uno solo de los elementos
positivos (..) la gente es tratada como si fuera animal y nadie protesta”
comenta Simón Vega (El Salvador, 1972) cuya serie temática
Ciudades perdidas y rutas de escape expresa la magnitud de una tragedia
en la que intervienen conflictos políticos, sociales, económicos,
climatológicos, humanos.
En
su abordaje del tema se descubren alusiones que rememoran los espacios
de culto de las civilizaciones originarias (como las superposiciones
escalonadas) y que funcionan a la vez como códigos asociados
a los grupos sociales humildes o marginales en las ciudades superpobladas.
Para
Vega, hurgar en su ciudad natal, desmembrarla, relatar la metamorfosis
de sus mitos es un modo de aludir a la readaptación de las herencias
culturales en América Latina. Al conflicto original de la conquista
se han ido superponiendo otros tantos conflictos que, en el presente,
definen su identidad y la hacen portadora de símbolos inequívocos
de convivencias no deseadas. Transnacionales y extrema miseria,
naturaleza viva y cercas de protección, diálogos contrapuestos
que el artista experimenta como sensaciones que le provocan “amor
y odio”.
Enfatiza
el discurso la cualidad expresiva de los materiales. Cajas vacías
de cartón son las protagonistas de instalaciones que constantemente
se modifican y se exponen en espacios abiertos o cerrados en virtud
de ilustrar la imprevisibilidad de los cambios. La huella humana más
evidente son los grafittis, asociados a las presencia del movimiento
de maras, tal vez hoy la expresión más dolorosa de un
proceso social involutivo caracterizado por la extrema violencia .
Epílogo
La
ciudad vista como organismo biológico, como portadora de encantos
ocultos o como espacio de drama, se nos descubre en la complejidad de
lo que realmente es:
cosmos, sutilezas, infierno, todo ello a la vez. Y es que la esencia
de la ciudad se resiste a los desgloses , tal vez sea esta la explicación
más elocuente de lo que hoy , desde sí misma, se siente
obligada a hacer : romper fronteras, recuperar la poesía y anular
sus fragmentaciones . Tampoco podría ser de otro modo, de ahí
el encanto de las metáforas.
En
un legítimo empeño de buscar y reconocer quién
y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure,
y dejarle espacio las propuestas comentadas reivindican la función
del arte: los autores atestiguan su comprensión del infierno
y es, desde su conciencia de él , que sugieren reflexiones no
sustituciones Que estas sugerencias provengan de América Latina,
le añaden otro valor: el de emerger de un territorio en el que
constantemente se enfrentan , se debaten y se reivindican pasado y presente,
sin que uno nunca se haya decidido a aceptar su predominio sobre el
otro. Ancestros y ciudad, ciudad y memoria viva, ciudad y muerte, desde
su espacio de confrontación más intenso, devienen entonces
códigos que emblematizan las problemáticas más
apremiantes de la urbe universal.
Aún
cuando resultantes de procesos motivacionales y lingüísticos
diferentes, estas piezas convergen en la actitud de explorar un camino
polémico, pero enriquecedor: el de travesear con las ambivalencias.
Ninguna de estas obras en virtud de la poesía excluye la crítica,
ni en virtud de la crítica abandona la poesía. Se trata
de un acercamiento múltiple , especialmente comprometido, que
implica riesgos, atención y aprendizajes continuos respecto al
tema de la ciudad y que no se limita a enriquecer la visión de
los hacedores, sino que amplifica y revitaliza la percepción
de quienes, conminados a ser partícipes, interactuamos con su
experiencia.
Rodolfo Rojas Rocha